MIGRACIONES EXTREMAS DE ANIMALES

Estas son las migraciones más extremas del mundo animal

Sin trámites de visado, equipaje ni planificación: muchas especies animales cumplen con la llamada de su instinto y migran de su hábitat, ya sea para regresar cuando el clima sea soportable o el alimento vuelva a estar presente, o para morir tras cumplir con el mandato reproductivo de crear una nueva generación.
Aves recorren América de extremo a extremo, mariposas que necesitan cuatro generaciones para llegar a destino, o cetáceos y peces que recorren miles de kilómetros para aparearse o buscar alimento.
Lemings y ñus migran para regular sus poblaciones
El proceso migratorio funciona como un regulador de la población: los lemmings,  comienzan un largo derrotero por las tundras de Norteamérica y Eurasia en búsqueda de alimentos. En los 2.000 kilómetros que recorren, miles mueren en los ríos o de agotamiento. Para cuando llegan a la tierra prometida, su población ha disminuido bruscamente y esta vez sí hay comida para todos.
Algo similar ocurre con los ñus: estos gigantescos bóvidos del centro de África representan una de las migraciones más fabulosas: más de 1,5 millones de ejemplares recorren los parques nacionales del Seregenti (Tanzania) y Masai Mara (Kenia), en una ruta circular de 3.000 kilómetros.

Motivos de una migración

Para regular su población, para escapar de climas adversos, para criar... o hasta para morir

No van solos: le acompañan cebras, jirafas antílopes, y por supuesto, leones, hienas y, en los ríos como el Mara, cientos de cocodrilos. Además de buscar mejores pastos, sirve para regenerar la población tras la muerte de muchos miembros por depredadores o ahogados en los cursos de agua.
En busca de un lugar para criar... y morir

Las migraciones se realizan, además de la búsqueda de alimentos, para escapar del clima cuando cambia la estación. Al gaviotín ártico le gusta el frío del Polo Norte, pero cuando el invierno recrudece, cruza América hasta el Polo Sur, para disfrutar del verano austral. Son 38.000 kilómetros entre ida y vuelta, aunque hay evidencias de que algunas de estas pequeñas aves (de sólo 50 centímetros de envergadura) han llegado a realizar más de 80.000 kilómetros.

Los salmones migran para depositar sus huevos, garantizar la supervivencia de su especie y morir
Los salmones migran para depositar sus huevos, garantizar la supervivencia de su especie y morir (iStock)
Otra razón es la búsqueda de un hábitat sin depredadores para aparearse y criar a su descendencia. Los salmones rojos viven en las aguas oceánicas cerca de Alaska, pero cuando llega el turno de sentar cabeza, a los cinco años de edad, comienzan una frenética carrera hacia los ríos y arroyos en que han nacido para desovar. La marcha de hasta 11.000 kilómetros, con largas distancias a contracorriente de ríos y sorteando rápidos y saltos, es tan agotadora que el pez se limita a depositar sus huevos y morir.

La migración d elos salmones rojos es tan agotadora que el pez se limita a depositar sus huevos y morir

La naturaleza ayuda (un poco)
Para sus largos viajes, las especies marinas aprovechan las corrientes del mar, así como las aves y diversos insectos toman ventaja de los vientos alisios y las corrientes de aire ascendentes.
Si no fuera por este empujón de la naturaleza, no se entendería cómo hace la mariposa monarca para viajar de México a Canadá, y luego regresar. Pero este circuito de 8.000 kilómetros es lo más parecido a un éxodo bíblico: durante los tres meses de viaje varias generaciones de mariposas irán naciendo en diferentes puntos, y llegarán al mismo árbol del que salieron sus ancestros. En Monterrey (California), los operadores turísticos aprovechan la llegada de millones de estos insectos alados y organizan excursiones al santuario de Pacific Grove, que parece un gigantesco vitral animado cuando el sol se refleja en las alas de millones de monarcas.

Los murciélagos africanos protagonizan la más masiva entre los mamíferos: unos ocho millones de ejemplares cruzan el Congo hasta el norte de Zambia”

La ballena gris duplica las distancias: transita 20.000 kilómetros desde las frías aguas del estrecho de Bering hasta las cálidas del norte de México, para regresar meses después. Las sardinas forman un gigantesco bloque de 15 kilómetros de largo, y de hasta 60 metros de profundidad, que los satélites detectan como una mancha gigante en el Índico.
Y los murciélagos africanos protagonizan la más masiva entre los mamíferos: unos ocho millones de ejemplares cruzan el Congo hasta el norte de Zambia, en el parque nacional Kasanka, para alimentarse del musuku, un fruto que se suele usar para producir vino.

El cambio climático modifica el instinto migratorio: muchas especies emprenden sus vuelos o caminatas cuando sienten que los días son más fríos, pero el aumento de las temperaturas retrasan la partida”

Las migraciones en peligro
 
Pero el milenario llamado migratorio está en alerta: y una vez más, el hombre se está encargando de alterar este ciclo. Por un lado, el cambio climático modifica el instinto migratorio: muchas especies emprenden sus vuelos o caminatas cuando sienten que los días son más fríos, pero el aumento de las temperaturas retrasan la partida.
En otros casos, la construcción de represas frena la carrera migratoria de los salmones, o la instalación de vallas para el ganado trastoca los circuitos de los ñus en África. En el parque de Yellowstone, en Estados Unidos, se ha registrado que las migraciones del ciervo canadiense y el antílope han disminuido más del 50%. Además, los accidentes en las carreteras por el cruce de animales están a la orden del día.

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